Los residentes de Chaclacayo, especialmente aquellos de las asociaciones Los Halcones y Huascarán, están preocupados por la falta de geomallas y la amenaza constante de huaicos. Dora Franco, madre de familia y fundadora de Los Halcones, junto con sus vecinos, sube dos veces por semana al cauce de la quebrada Huascarán para monitorear posibles señales de deslizamientos. La preocupación es latente, ya que en marzo de 2023, más de 800 familias fueron afectadas por un huaico tras la activación de las quebradas Huascarán y Cusipata.
A pesar de las promesas de instalación de geomallas por parte de la Autoridad Nacional del Agua (ANA) en 2023, estas nunca se concretaron. Los diques existentes en el cauce están deteriorados y no ofrecen la protección necesaria. Luis Inga Huaranga, habitante de la asociación Huascarán, expresó su preocupación por la poca protección que brindan los diques, que están resquebrajados y no soportarían el impacto de un huaico.
Rosa Cóndor, otra vecina, teme que las calles vuelvan a quedar inundadas y con forados, como ocurrió en años anteriores. Los padres de familia del colegio Felipe Santiago Estenos, que también fue afectado en 2023, sienten pánico al pensar que sus hijos puedan quedar expuestos a un nuevo huaico. La directora del colegio, María del Pilar Serrano, comentó que serían 1,700 estudiantes los que se verían afectados.
La ANA señaló que su función es ubicar los puntos críticos, pero no ejecutar obras. Esta labor pasó a manos de la Autoridad Nacional de Infraestructura (ANIN) y los gobiernos locales. Miguel Yamazaki, vocero de ANIN, indicó que cuando asumieron la ejecución de obras preventivas en 2024, no recibieron ningún proyecto pendiente por parte de la ANA con respecto a las quebradas de Chaclacayo.

