Cuatro de cada diez pymes cierran por falta de liquidez causada por pagos tardíos

En Perú, la morosidad se ha convertido en uno de los principales enemigos de las pequeñas y medianas empresas (pymes), que representan más del 99% del total de negocios en el país. A pesar de su relevancia económica, muchas enfrentan serias dificultades por los constantes retrasos en los pagos por parte de sus clientes, afectando directamente su flujo de caja.

Según datos del Instituto de Economía y Desarrollo Empresarial (IEDEP) de la Cámara de Comercio de Lima, los sectores más afectados por la morosidad son construcción y comercio, con tasas de 13.4% y 8% respectivamente. Esta situación obliga a miles de emprendedores a operar con pagos vencidos, liquidez limitada y un alto nivel de incertidumbre.

Aunque la ley establece un plazo máximo de 30 días para pagar, en la práctica muchas pymes deben esperar entre 60 y 120 días para recibir su dinero, sobre todo cuando trabajan con grandes empresas. Esto genera una relación desequilibrada y silenciosa presión para aceptar las demoras sin reclamos, según explicó Juan Cordova, subgerente de Venta B2B de Flujolink.

Esta problemática provoca el cierre de más de 100,000 pymes al año, de las cuales el 40% fracasa por problemas de flujo de caja. Algunas recurren a préstamos informales o a condiciones crediticias perjudiciales, lo que agrava su situación financiera.

Flujolink propone un cambio en la cultura de cobranzas, promoviendo procesos más profesionales y el uso de tecnología para lograr pagos puntuales sin afectar la relación comercial. También se destaca la necesidad de contar con un marco legal más efectivo, ya que los procesos judiciales de cobro son costosos, lentos y poco utilizados.

A pesar de que se discute una posible “Ley de Pronto Pago” similar a la chilena, aún no hay avances claros. Para mejorar la situación, el Estado debe establecer normas claras, sancionar los incumplimientos y promover herramientas financieras como el factoring accesible y justo. Mientras tanto, miles de pymes siguen lidiando con una realidad marcada por la morosidad y la incertidumbre.

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