El Papa Francisco falleció este lunes en la madrugada, tras las celebraciones de Semana Santa. Su partida marca el cierre de una etapa profundamente transformadora para la Iglesia Católica y para el mundo.
Primer pontífice latinoamericano de la historia, será recordado por haber llevado el espíritu de América Latina al corazón del Vaticano, elevando los desafíos de la región —como la pobreza, la desigualdad, la violencia y la crisis ambiental— al centro de la agenda global.
Durante su pontificado de 12 años, Francisco recorrió países como Perú, Brasil, México, Colombia, Cuba y Panamá. En cada visita, hizo un firme llamado a la paz, la reconciliación y la lucha contra la corrupción. Su cercanía con los más vulnerables, su defensa de los pueblos indígenas y su compromiso con el cuidado de la Casa Común —especialmente la Amazonía— marcaron profundamente su visión pastoral.
Bajo su liderazgo, la Iglesia vivió una apertura histórica, volviéndose más cercana a los pobres, sensible a las injusticias sociales y receptiva al diálogo interreligioso y cultural.
Hoy, el mundo despide a un Papa que supo tender puentes, sembrar esperanza y renovar la fe desde las raíces del sur global

